sábado, 16 de mayo de 2009

Kid Lombardo en el recuerdo

El 21 de julio pasado se cumplieron 48 años de la muerte de quien es para muchos el mejor boxeador ecuatoriano de todos los tiempos: Kid Lombardo. Era simplemente Aurelio Mosquera cuando se inició en 1925 como aficionado que había llegado de Chinca, pequeño poblado esmeraldeño que ojalá nuestro amigo, el poeta Antonio Preciado, nos cuente si aún existe. Debutó ante Kid Boyking y empezó entonces una carrera que lo llevó a los cuadriláteros de América en los que deslumbró por su boxeo fino, aristocrático, y por la velocidad de sus manos que afirmaban su arte en unos pies que hoy hubiera envidiado Rudolf Nureyev. Ganó fama al enfrentar en rings improvisados en los Teatros Parisiana y Victoria al Chino Carlos Zavala, al quiteño Soldier Jurado y a Luis Llaque, conocido entonces como El hombre de la Gorra y más tarde como El Bohemio. Sus pies, tan ligeros en el ring, lo eran también para buscar horizontes. Fue a Colombia varias veces entre 1926 y 1928. Sostuvo 18 pelas y perdió apenas una frente a su compañero de cuadra Luis Llaque, pero cayeron bajo sus puños figuras legendarias como Plutarco Ariza, Horacio Díaz, Mario Bianco, Armando Ramos, Kid Chacón, Kid Salgado, Joe Zarzalejo y el chileno Kid Langford.

El humilde chiquillo moreno al que una vez encandilaran las luces de Guayaquil, fue transformándose. Ya peleaba en el coliseo del American Park y caminaba por las calles de Guayaquil con el pelo engominado y su facha de dandy, estrenando ternos de finos casimires. La prensa empezó a llamarlo El Chato o La Ardilla Esmeraldeña, pero su nombre de combate empezó a hacerse famoso: Kid Lombardo. Era un científico que enaltecía el arte de fistiana, confundía a sus rivales, enloquecía al público y hacía mover las boleterías. Su puños como rayos vencieron a cuanto rival pasó por Guayaquil: K.O. Pacheco, Francisco Atencio, Aiten Kid, José Caballito Ramos, el campeón sudamericano, Melitón Aragón. Ya había logrado fama cuando se fue a Lima y se paseó ante Dinamita Jackson, Atencio, Max El Químico Aguirre al que dio veinte libras de handicap, Gibaudo Manfré y Kid Langford.

Los primeros años de la década del 30 fueron los mejores de su carrera. Lo llamaban de todos lados. De Chile para que midiera al Tani Loayza. De Argentina para que probara a Gugliardo Purcaro. Se marchó en una larga gira de la que retornó triunfador. En Panamá venció a Kid Centeno e Hilario Martínez. En 1933, en memorable bout, venció a Frisco Kid y se convirtió en el primer boxeador sacado en hombros por la fanaticada canalera. Estos son sólo unos pocos nombres que rescatamos del réclame de Lombardo porque necesitaríamos toda una página para citar sus victorias. De Panamá se fue a Los Ángeles para pelear en el Olympic Auditorium, escenario al que sólo llegaban los grandes fistianeros del mundo. Allí, sin aclimatación y con poco entrenamiento, lo pusieron frente al famoso fajador mexicano Bobby Pacho con el que hizo un gran combate la misma noche en que su hermano, Kid Charol II destrozó a Baby Arizmendi, al que los organismos de la costa oeste de Estados Unidos reconocían como campeón del mundo de la categoría pluma. Fue tal la paliza que Arismendi perdió la ocasión de unificar el título con el cubano Kid Chocolate, campeón mundial pluma reconocido en la costa atlántica, aunque el fallo le fue adverso a Charol. Después de una gran trayectoria Lombardo empezó a equivocar el camino. En 1939, cuando reapareció ante el peruano Zacarías Flores, era ya una sombra. Su final llegó en 1940 cuando se midió en el Coliseo Huancavilca con otro veterano, el cubano Joaquín Torregrosa. Fue un espectáculo penoso. Ambos habían sido ya vencidos por la vida. Uno estaba medio ciego, el otro no tenía ni un átomo de los reflejos que lo habían hecho famoso. Murió Kid Lombardo en 1948 atormentado por las enfermedades y en la miseria más espantosa.

Para quienes lo vieron en la plenitud de sus facultades su más brillante pelea fue la que sostuvo el 30 de agosto de 1931 en el American Park con "el español de los puños de hierro", Martín López Oroz, campeón español y panameño del peso welter, vencedor en el Istmo del afamado Young Joe Walcott al que había destronado. Una postergación por lesión de Lombardo hizo que el empresario cubano, apoderado de López, Fausto Carnicero, acusara al peleador local de cobarde y de ser un desconocido ante el prestigio de su pupilo. Encastado, Lombardo fue a pelear dando ventaja en peso, ante un lleno impresionante. Con el sonido de la campana vino el concierto de gala. Las manos del Chato se estrellaban en el rostro del español que pronto empezó a lucir tumefacciones. Después sangraba y busca a Lombardo como fiera herida, pero los pies de Lombardo ejecutaban una danza de increíble elegancia y habilidad. Impotente, se paró y llamó al Kid a cruzar golpes. Lombardo cesó el baile y aceptó el duelo en el "infighting" para hacer tragar a su rival y a Carnicero aquella acusación de "cobarde". Dio y recibió en esos rounds sin perder la apostura y la sonrisa. Después volvió a lo suyo y cuando llegó el último asalto y le ordenaron que diera vueltas alrededor de López Oroz, Lombardo fue al centro del ring y desafió al español a fajarse. El público deliraba. Al tañido del gong saltó al ring y alzó al Kid en hombros. Así oyó el fallo que lo proclamó vencedor. Cargado por sus compañeros Cruz Avila y Harry Sasaki fue paseado en largo desfile por 9 de Octubre durante largas horas. Fue una pelea inolvidable y el momento cumbre en la popularidad de un hombre de nuestro pueblo que llegó a ser un ídolo y que hoy, con esta columna, pretendemos rescatar del olvido.
(Septiembre 9 de 1990)

1 comentario:

banca prodrida dijo...

Apreciado Ricardo,

Excelentes tus comentarios sobre la vida de Lombardo y la pelea con Martín Oroz.

Por mi parte he ido recopilando la vida profesional de Martín López Oroz, "Martín Oroz" (tío abuelo).

Te invito a leer la recopilación en http://es.wikipedia.org/wiki/Martin_Oroz

Me encantaría conocer cualquier ampliación de información o fotografías que puedas disponer de Martín Oroz.

Es importante que estos grandes campeones no pasen desapercibidos y poco a poco podar ir retomando el reconocimiento y prestigio que se merecen.

Un fuerte abrazo,
Fernando Conde
fconde021@ono.com