sábado, 15 de diciembre de 2012

Aquellos años del "Mariscal" Honorato Gonzabay


Con un gran cotejo entre Deportivo Guayas y Unión Deportiva Valdez, los veteranos cracks de Guayaquil y Milagro celebraron los sesenta años de una de las figuras más señeras del fútbol nacional: Honorato Gonzabay. Manolo Ordeñana, Jorge Lazo, Humberto Barreno, Carlos Pineda, Hugo Romo, Jorge Sucio Almeida y una gran revelación por su clase intacta y su velocidad: Isidro Matute, estuvieron en la cancha del Aguirre Abad para homenajear al gran "Mariscal" de los tiempos idos. Por supuesto que Honorato se vistió de corto y mostró por qué fue un crack en toda la dimensión de la palabra. Después llegó otra figura que formó al lado de Honorato en las selecciones nacionales, Raúl Arguello. El recordó pasajes de la carrera deportiva del jugador milagreño que llega a las seis décadas en plenitud de sus facultades, alegre y sin miedo al futuro que él construyó para su familia con seriedad y dedicación. El Mariscal Gonzabay hoy vive como un "marqués" y es un soberbio anfitrión. Lo demostró en la recepción que brindó a sus compañeros de deporte en su espléndida residencia de la Ciudadela de la FAE.

 

Guarumo le decían allá en Milagro por lo flaco y espigado. No fue back central en sus inicios sino centro forward en el Contratuerca, equipito milagreño en el que empezó su brillante carrera formando un trío endiablado con Radoy Jervis y Leonardo Mondragón. Fue campeón con ese equipo cuando Eduardo Castro Acuña que dirigía el Milagro Sporting, lo vio y se lo llevó para su club. Con él llegaron Julio Caisaguano, Segundín Viteri, Mondragón y el gordo Camilo Andrade que disputaba el puesto de arquero con Angelito Fernández que estuvo en los planes de Barcelona hasta que se descubrió que sólo veía bien de día. De noche pasaba a su lado un tractor sin que se diera cuenta. El equipo de Eduardo Castro se cansó de quedar campeón y de allí salieron los grandes jugadores que después integraron Unión Deportiva Valdez. Un día en que debían jugar contra la selección de San Carlos, Juan Andrade y Gastón Canilla Navarro lo obligaron a jugar de back central ante la ausencia de Manuelito Andrade, el titular de Milagro Sporting. Allí se mandó Honorato un gran partido. Antes del final, ante un centro de la delantera contraria, en vez de rechazar apurado, se sentó en el área chica y le pasó de cabeza el balón a su arquero Valencia en una jugada que asombró al público de San Carlos. "Tres rash por Guarumo" gritaba la barra mientras paseaba en hombros a Honorato. Allí se ganó el puesto. Guido Andrade, que oficiaba de técnico, mandó a su hermano Manuel de marcador de punta y dejó el centro de la zaga para Gonzabay que empezó entonces a escribir la gran historia de su paso por el fútbol donde dejó lecciones de elegancia, prestancia, calidad, nobleza y dignidad.

 

El ingeniero Edmundo Valdez Murillo llamó a la gallada de Milagro Sporting para edificar Unión Deportiva Valdez. Llegaron con Honorato, que las hacía de capitán, su inseparable interior ubicado ahora de marcador: Leonardo Mondragón, Gastón Navarro, el Huaso Pérez, Aurelio Medina, José Almeida, Galo Coba, Olmedo Acosta. Diógenes Tenorio. Carlos Serrado, Eugenio Mendoza, Julio Caisaguano, Carlos Titán Altamirano y otros que ganaron la categoría en 1951 para ascender a la serie de honor del profesionalismo guayaquileño. Se reforzó Valdez en 1952 con los argentinos Abel Tornay, Oswaldo Citadella, Juan Deleva, Jorge Caruso y el inolvidable interior peruano Jorge Otoya, pero su gestión fue sólo regular al fallar sus arqueros. En 1953 llevó a sus filas al mejor arquero nacional de todos los tiempos, Alfredo Bonnard y se formó la retaguardia valdezpina que fue por varias temporadas la menos batida: Bonnard; Navarro o Serrado, Gonzabay y Mondragón.

 

En cada partido se iba afirmando la enorme clase de un jugador fuera de serie como Honorato. Jamás una jugada sucia, desleal que manchara el fútbol. Siempre sobrio, sereno, elegante, dándole un toque de finura y exquisitez al trato de la pelota. Era de por sí un espectáculo. Su consagración vino la noche en que Valdez empató 2 a 2 con Botafogo de Brasil en el Capwell el 11 de agosto de 1954. El público pifió a los milagreños cuando salieron al campo porque los consideraba inferiores para un equipo que venía invicto y goleando durante 12 partidos en Colombia. Nadie estaba convencido que fuera un rival de fuste pese a que era campeón de 1953 y estaba de líder en el torneo de 1954. En una acción del partido el legendario Nilton Santos se elevó en el aire y con un plástico movimiento paró el balón y en el aire mismo lo entregó a un compañero. Los fanáticos se pusieron de pie para aplaudir una de las más bellas jugadas que se recuerden. Exactamente cinco minutos después vino un centro hacia el área de Valdez. Gonzabay fue mucho más arriba que Nilton Santos, la paró y con un artístico paso de ballet  entregó el esférico a Segundo Viteri. Fue una explosión en la popular porque un criollo había demostrado que podía jugar tan bien como el mejor de los brasileños. Valdez empató 2 a 2 en un encuentro memorable en el que Gonzabay y Otoya fueron las mejores figuras del césped.

 

El 22 de julio de 1956 se midieron Valdez y Patria en un gran encuentro. Los milagreños ganaron por 1 a 0 con gol de Otoya pero lo sobresaliente del cotejo fue la actuación de Gonzabay, bien complementado por Hugo Pardo y Carlos Serrado. La delantera de Patria era un huracán que empujaban desde el mediocampo Fausto Montalván y Jaime Galarza. Toda la gama de recursos de Gonzabay afloró esa noche ante el acoso de un extraordinario quinteto formado por Mario Saeteros, Pancho Rengifo, Vicente Pulpito Delgado, Colón Merizalde y Gereneldo Triviño. El día 24 Ralph del Campo, en su "Carrusel Deportivo", bautizó a Honorato con el apodo que sustituyó al plebeyo de Guarumo: El Mariscal. Tuvo grandes actuaciones en las selecciones nacionales de 1955, 1957 y 1959. En 1960 se fue de luna de miel a Lima y allí lo descubrió el periodista Pocho Rospigliosi que lo había admirado en Lima. Universitario de Deportes y Atlético Chalaco lo tentaron. Se decidió por el último en que jugaban los peruanos Carlos Loza y Carlos Gordon que habían sido sus compañeros en Valdez. Un conflicto fronterizo, de los tantos, cortó su carrera en Lima. Vino a la LDU de Guayaquil y pasó luego a 9 de Octubre, club con el que firmó por dos años y le dieron en pago de la prima dos juegos de llantas para su camión bananero. De allí en más, el presidente octubrino, Gustavo Mateus, le pagaba en llantas su sueldo. Fue con los agremiados a Estados Unidos y se clasificó dos veces campeón iberoamericano. Jugó como semiprofesional en Miami y fue entrenador de la selección de esa ciudad. Por allí fue diluyéndose la carrera del hombre al que un caracteriza y auténtico conocedor del fútbol, como el abogado Mauro Velásquez Cevallos, considera como uno de los dos mejores backs centrales de toda la historia del fútbol ecuatoriano: el inimitable Mariscal Honorato Gonzabay Mendoza.

(Enero 6 de 1991)