sábado, 15 de diciembre de 2012

Grandes figuras de los Clásicos del Astillero


Uno de los más celebrados actores del Clásico del Astillero es Washington Muñoz Yance, el recordado Chanfle. Hizo once dianas en los enfrentamiento con Emelec, la primera de ellas el 10 de junio de 1966 en un encuentro en que Barcelona cayó ante su encarnizado rival por 3 a 1, goles de Cirilo Fernández (2) y Ely Durante. Muñoz se había corrido al centro y Luciano Macías subía como puntero zurdo desde su puesto de marcador. Un centro de Macías y Muñoz zafándose del acoso de Felipe Mina, con un tirazo de su marca, venció al desaparecido gran arquero "eléctrico" Ramón Maggereger. El último de sus goles lo marcó el 24 de mayo de 1975 y eso bastó para la victoria "torera" por 1 a 0. Wacho Muñoz llegó a Barcelona desde los juveniles de Liga Deportiva Estudiantil junto al Flaco Guillermo Weisson. No fue un producto de la cantera del Idolo como lo sostiene un amigo que me desafió a probar el origen elegolé de Muñoz. La foto que encabeza esta columna es la prueba. De LDE salieron también para el Idolo Jimmy Montanero, Julio Guzmán y Manuel Uquillas. A las filas "eléctricas" enriqueció la Liga con los pases de Jesús Cárdenas y Raúl Avilés.

 
 
En las filas de Emelec Carlos Raffo y Lupo Quiñónez son los mayores goleadores del Clásico con 10 tantos cada uno. Lupo tiene un total de 13 goles pues anotó 3 con la divisa de Barcelona. Raffo disputa con gran ventaja el título de mejor jugador extranjero que haya pisado nuestras canchas. Llegó  de  Central Argentino y Platense al Argentina de Quito y de allí a Emelec. Era un flaquito vivísimo, de gran técnica y un futbolista honrado que se jugaba la vida en cada partido. Donde hoy otros que ganan fortunas salen corriendo, Raffo entraba a buscar el gol. El 13 de noviembre de 1956 marcó su primer gol en un Clásico que Barcelona ganó por 2 a 1. La última vez que gritó una conquista en el Clásico fue el 29 de octubre de 1961 en un soberbio partido que Emelec ganó por 3 a 1 con goles del Loco Balseca, Raffo y Enrique Raymondi y un espectáculo de lujo brindado por los inolvidables Cinco Reyes Magos: Balseca, Bolaños, Raffo, Raymondi y el Pibe Ortega. Para Lupo Quiñónez su aparición en la estadística está marcada el 13 de noviembre de 1977 al anotar para Emelec en un partido que su equipo perdió por 2 a 1. Con la enseña "torera" su primer tanto lo anotó el 29 de abril de 1984 para dar a su divisa una victoria por 2 a 0, compartiendo el marcador con el brasileño Paulo César.

 

 
Medio en serio, medio en broma, siempre se ha hablado de la predilección que Enrique Cantos tenía por los billetes. Nada de eso es cierto. Era un crack como pocos han habido y habrán en el fútbol ecuatoriano y perteneció a una época de líricos que ganaban poco pero hicieron mucho por su club. En esta era de "inflación" futbolística Cantos, como muchos otros, serían millonarios. Una anécdota retrata de cuerpo entero al inolvidable Pajarito o Ratón Sabido y a sus compañeros. Y esto vale para todos los jugadores de todos los equipos de aquellos tiempos. En noviembre de 1956 Barcelona estaba quinto en la tabla de posiciones superado por Emelec, Valdez, Everest y Patria. Si quería jugar el cuadrangular final tenía que ganar a Emelec que marchaba puntero con gran ventaja.  Se midieron en el Estadio Capwell el 18 de noviembre. En los camerinos el presidente de Barcelona, Eduardo Servigón, habló con los jugadores: "Muchachos, hemos resuelto darles como estímulo una prima de mil sucres a cada uno si ganan el partido. Ustedes saben que no es una obligación pero estamos reconocidos por su buen cuidado y su disciplina en los entrenamientos". El Pájaro Cantos tomó la palabra a nombre de los jugadores: "Presidente, no vamos a cobrar una prima porque vamos a jugar por los colores de Barcelona. A usted y los miembros de la Comisión les dedicamos por adelantado la victoria". Cuando salieron al campo del Capwell, dos geniales jugadas de Enrique Cantos marcaron la victoria barcelonesa en una tarde y noche magistral del astuto entreala derecho. Así eran los jugadores de entonces.

 

Ese año 1956 Emelec armó uno de los equipos más poderosos de su historia. Incorporó a Daniel Pinto, un exquisito del fútbol al que nadie podrá olvidar después de haberlo visto tejiendo maravillas en el Capwell, y trajo de The Strongest de Bolivia al argentino Francisco Pugliese, ex Chacarita Juniors de Buenos Aires. Ese elenco ganó las ruedas en el torneo de 1956 y pese al repunte barcelonés en la tercera vuelta llegó en el primer lugar y con la ventaja de un punto al partido de definición el 2 de diciembre. Ese día el técnico de Emelec, el chileno Renato Panay, introdujo un sistema 4-2-4 al alinear a Yulee; Ubilla, Cruz Avila, Arguello y Ubilla; Pugliese y Bolívar Herrera; Júpiter Miranda (Balseca), Mariano Larraz, Raffo y Jorge Larraz. Barcelona puso a Ansaldo; Jurado, Carlos Sánchez (Bolívar Sánchez) y Macías (Esteves); Alume y Solórzano; Salcedo, Cantos, Chuchuca, Vargas y Clímaco Cañarte. Ente 30 mil personas los del Astillero protagonizaron uno de los Clásicos más vibrantes de la historia. Emelec sólo necesitaba empatar. Dos golazos del Flaco Raffo marcaron la ventaja inicial que fue descontada luego por Pelusa Vargas y Chuchuca. Estaban empatados cuando faltaban diez minutos y la ofensiva barcelonesa era una tromba. Allí se agigantó la figura de Yulee que hizo atajadas memorables para mantener el empate y llevarse su equipo un título que había venido labrándolo con clase desde el inicio de la temporada. Fue un gran año para los hermanos de barrio y para la afición que gozó momentos maravillosos en esos tiempos del Capwell que muchos seguimos añorando. 

(Diciembre 30 de 1990)