miércoles, 21 de enero de 2009

Cena del Recuerdo del Emelec

Uno de los instantes más emotivos para quienes vivimos la época del Estadio Capwell fue la Cena del Recuerdo que prepararon tan bien Nasib Neme y Otón Chávez Pazmiño. Como escribió alguna vez Julio César Pasquato (Juvenal), “las cosas que uno adquirió en la infancia no se borran nunca aunque los años vayan amontonando cargas de escepticismo y desengaño. Es un volver a vivir permanentemente”. Y precisamente eso fue la Cena del Recuerdo: un volver a vivir las locuras de José Vicente Balseca, las voladas de Cipriano Yu Lee y Manolo Ordeñana, la elegancia y el talento de Carlos Pineda, el Pibe Bolaños y Galo Pulido, la destreza y potencia de otro “pibe”: Roberto Ortega, la solvencia defensiva de Cruz Alberto Avila, Felipe Mina y Walter Arellano, la pícara manera de destruir defensas de Enrique Raymondi, Bolívar Merizalde y Carlos Alberto Raffo, la prestancia de Ernesto Raymondo, Cucho Gómez, Lucio Calonga y Jorge Lazo. ¡Es que hubo tanto para rememorar! Como cuando Humberto Suárez nos hizo estrechar la diestra con atlético veterano y nos preguntó: ¿te acuerdas de él? Repasamos nuestros recuerdos de niños y no dimos con la respuesta. Es Tarzán Torres! Nos dijo. Y nos vino al instante a la mente el ágil arquero que alguna vez vimos en acción desde la general que daba a la calle Quito. Aquel que llegó de Manabí proveniente de una selección que dio guerra en el Campeonato Nacional de Selecciones de 1945 y que fue preparada por el uruguayo Angel García Valente. De allí salieron para los equipos porteños Hugo Mena, Júpiter Miranda, Ricardo Rivero, Heráclides Marín y otras figuras. Hubo discursos como aquel tan humano y evocador de Arístides Castro, quien también jugó con la blusa de Emelec, canciones, bailes. Pero nos quedamos con las ganas de ver un rato más a Orlando Zambrano, Víctor Ramos, Víctor Lindor, el “Chinche” Rivero, Felipe Landázuri, Antonio Zambrano, Cirilo Fernández, Jaime Delgado Mena, “Pajarito” Bayona y a Jorge Delgado que prestó su concurso cuando Cipriano ya no veía la pelota, pero cometió el pecado de salir a la cancha con un buzo amarillo que debió sacarse ante los reclamos del público “eléctrico”.

Y vimos también, después de casi veinte años, a Juanito Moscol Tobar, aquel amigo caballeroso y siempre sonriente con quien compartimos las bancas de la escuela fiscal John D. Rockefeller y junto a quien formamos el equipito escolar de fútbol con Adolfo Gutiérrez que nos sacaba “pica” con una camiseta de su equipo de la Liga de Novatos: el Arturo Prat, Angel Rivas, Eduardo Miranda, Ramón Alvarez, el “Cholo” Bermúdez, el “Gato” De la Torre, Ulbio Anchundia, Tomás Loyola, el “Chino” Argudo, Límber Ibarra, Gonzalo Gómez de la Torre y Gastón Murillo. Algunos éramos sólo comparsas del “niño-maestro” que ya insinuaba con su magistral dominio del balón el crack que sería después.

Cuando llegamos al Vicente Rocafuerte nosotros nos fuimos por la natación y Moscol se unió a una jorga de peloteros maravillosos en la que hacía pareja con su compañero de barrio, Félix “Pelusa” Guerrero, nuestro condiscípulo. Allí estaban también Walter Arellano y un chiquillo que hacía faltar a los vicentinos a clase cuando empezaba a jugar en los patios: Jorge Bolaños Carrasco. Se formó entonces el mejor equipo de fútbol de la historia del Vicente Rocafuerte: la selección de 1959. Diez jugadores de equipos de primera y uno del ascenso que podía jugar en primera si su amor al Boca Juniors no se lo hubiera impedido: Efrén Cobos Potes. Estaban entonces Pancho Barreiro, arquero titular de Español; Daniel Vaca, de Aduana, Teodoro Ruíz, de Español y Walter Arellano, de Emelec, en la defensa. Como volantes Efrén Cobos, de Boca y Tomás Jordán, de Everest, y adelante Nicolás Alvarez, de Barcelona, “Pelusa” Guerrero, de 9 de Octubre, Luís Sernaqué, de 9 de Octubre, Jorge Bolaños, de Emelec y Juan Moscol, de Emelec. Quedaban en el banco otros jugadores de primera: Lucho Jordán, Antonio Troncoso, Vera, Varas, “Mundo” Castro, “Cabecita” Castro, “Torta” Tobar, Bermeo, Félix Mantilla. Esa selección terminó invicta y campeona en el Intercolegial de 1959 con 40 goles a favor y cero en contra.
(Julio 29 de 1990)