miércoles, 14 de octubre de 2009

Balseca vs. Macías, el más grande duelo de nuestro fútbol


Era un par de muchachitos locos que hacían cualquier diablura con la pelota. Tiempos de canchas de tierra, de sarteneja molida que se llevaba pedazos de piel en cada revolcón. Don Marcos Luzuriaga se deleitaba con los arabescos casi circenses del par de pequeños "orates" de su Huracán. Alguien los vio y se los llevó a Emelec. Llegaron juntos en 1951 y sus destinos fueron diferentes . El un "loco" tenía metido el fútbol en el alma y no lo pudo dejar mas que cuando los músculos empezaron a sentir el esfuerzo. Emigró a los Estados Unidos. Siguió jugando, pero allá no había estadios repletos ni aplausos para sus locuras, ni duelos con rivales linajudos. Marcó toda una época. Hace poco volvió y se vistió de corto para la Cena del Recuerdo. Pensábamos que íbamos a ver un loco con canas o poco pelo. Y nos asombró. Lucía un tinte color charol y el mismo espíritu dicharachero y jovial. La gente no se cansó de aplaudir al celebrado e incomparable Loco José Vicente Balseca. El otro loco que llegó con él a Emelec apareció algunas veces con la blusa "eléctrica", pero el enérgico Don Benjamín (que hoy estará en la gracia de Dios) quería que fuera ingeniero. Fue dejando poco a poco el fútbol por los compases y las reglas de cálculo. Después le dio por el periodismo deportivo y ha sido en este campo una estrella. No sólo por lo que sabe sino por lo que transmite en espíritu y en alma. Un raro periodismo lleno de calidad humana en un ambiente mercantilizado hasta el extremo. La gente no se cansa de escuchar y aplaudir al Loco del Cuarto 13: el querido Arístides Castro Rodríguez.

José Vicente Balseca apareció por primera vez en el Estadio Capwell el 27 de octubre de 1951 ante Río Guayas como reemplazante del delantero argentino Luís Massaroto. El 7 de diciembre debutó internacionalmente ante Newell's Old Boys de Argentina en cotejo que Emelec ganó por 1 a 0. Ese día formaron por los del Astillero Valentín Domínguez; Manuel Collar y Luis Alberto Pérez Luz; Ricardo Chinche Rivero, Héctor Pedemonte y Oscar Luis Carrara; Orlando Larraz, Mariano Larraz, el crack uruguayo Ramón Villaverde que luego deslumbró en el Barcelona de España, Balseca y Oscar Luis Curcumelli. Tenía el Loco apenas 18 años. Estaba destinado a ser centro delantero pero la llegada del Flaco Raffo en 1954 lo llevó a la punta diestra el 4 de septiembre ante Unión Deportiva Valdez. Todas las locuras que había mostrado a ratos en el centro del ataque renacieron al contacto de la raya de cal. Allí empezó a nacer el favoritismo popular.

Un poco más tarde que el Loco Balseca llegó a la gramilla del Capwell un chiquillo nacido en Ancón. Había jugado en el Vasco da Gama de la Liga Norero y en los equipos Temerario y Argentina de la Liga Salem. El recordado Pan de Dulce Aguirre lo llevó a Barcelona en 1951 y con la casaca oro y grana debutó el 1 de noviembre de 1953 en un Clásico que ganó el ídolo por 4 a 1. Había nacido una de las leyendas barcelonesas de todos los tiempos: Luciano Macías Argenzio. En ese partido alineó con Luis Jurado y el Pibe Sánchez y marcó al Cholo Jalón. Fue seleccionado al primer Campeonato Sudamericano Juvenil de Caracas en 1954 e hizo pareja en la zaga con Raúl Arguello. Volvió a Barcelona el 12 de febrero de ese año para un amistoso con San Lorenzo de Quito y fue afirmándose poco a poco en la titularidad y ganándose el respeto de la parcialidad "torera".

Cuando Valdez fue proclamado campeón de 1954, Patria, Barcelona, Everest y Emelec organizaron un cuadrangular amistoso. El 27 de noviembre se enfrentaron los hermanos de barrio. Barcelona alineó en la defensa a Miguel Esteves, el Pibe Sánchez y Luciano Macías. Emelec puso en la delantera a Balseca, Júpiter Miranda, Raffo, Mariano Larraz y Eduardo Guzmán. Fue la primera vez que Balseca y Macías se vieron frente a frente. El duelo que protagonizaron no escapó al ojo avizor de un periodista muy perspicaz como Ralph del Campo quien comentó al día siguiente la especial porfía sostenida por los dos muchachos porteños. El Loco finteaba, amagaba, corría, frenaba en seco e inventaba firuletes que hacían delirar a la tribuna. Al pie suyo, marcándolo sin respiro, buscando impedirle sus genialidades estaba siempre el Pollo Macías. Cada uno con su barra propia. En las esquinas de Guayaquil se daba luego el veredicto sobre el ganador del duelo en arduas discusiones. Y eran discusiones que terminaban a veces a quiño limpio porque cada uno tenía sus fanáticos a muerte. Doce años después del primer choque el Loco Balseca se fue. Luciano siguió hasta 1972 en que se despidió entre el aplauso y el cariño del público que llegó el Estadio Modelo Guayaquil para decirles adiós a dos cracks sin parangón: Luciano Macías y Vicente Lecaro.

Fue una época romántica que no volverá a vivirse aquella del duelo más famoso de la historia de nuestro fútbol: el de Balseca y Macías. No importa cuántas veces ganó cada uno. Siempre salimos ganadores nosotros, los que los vimos en toda su dimensión de legendarios actores del más bello espectáculo: el fútbol. El progreso nos jugó una mala pasada porque el video no había sido inventado todavía y nadie filmaba los partidos. Por ello el duelo entre el marcador y el puntero es hoy sólo remembranza buena para destapar un "scotch" en noches de nostalgia y bohemia futbolera.
(Diciembre 2 de 1990)